jueves, 31 de enero de 2013

Lágrimas de impotencia

Yo siempre fui muy autosuficiente en todos los sentidos, y a pesar de ser mujer, solía realizar muchos trabajos masculinos.  Yo pintaba la casa, movía muebles, me trepaba en la escalera para pasar cables sobre el cielo razo, taladraba huecos en las paredes para instalar cosas como cuadros, repisas, o guindar algo, en fin, había muy pocas cosas para las cuales pedía ayuda.  Pero ya no recuerdo cuando fue la última que pude hacer algo por mi misma sin que fuera un auténtico sufrimiento.  

Hoy, por ejemplo, decidí reacomodar todos los muebles de mi cuarto, lo que también implicada armar y desarmar algunas cosas y reubicar algunos cables sobre el cielo razo.  A la mitad de mi hazaña, ya me sentía muy cansada y adolorida, pero como estaba sola, quería terminar lo que había empezado sin importar las consecuencias, y de pronto me di cuenta que había algo que literalmente no podía hacer porque no tenía la fuerza muscular suficiente.  Como una niña pequeña, empecé a llorar, intentándolo una y otra vez, sin lograr nada, y seguía llorando sin entender totalmente la razón, hasta que me dí cuenta que lloraba de impotencia, de sentir que no podía hacer algo por mi misma.  

Es una sensación terrible, estar en una circunstancia en la que definitivamente dependes de otras personas, quizás no para todo, pero definitivamente para algunas cosas, y te sientes y te ves a ti mismo como si hubieras perdido un miembro o estuvieras en una silla de ruedas... con la única diferencia, que nuestra discapacidad no es evidente a nivel físico.

Antes de empezar este post busqué los sinónimos de impotencia y estos son algunos de los que encontré: incapacidad, insuficiencia, deficiencia, falta, carencia, defecto, agotamiento, debilidad y minusvalía, y asombrosamente, cada uno de estos sustantivos describía exactamente como me sentía.

Quizás no había realizado mi impotencia, porque al tener 4 varones en casa, con frecuencia, evito realizar ciertas tareas y se las pido a ellos, ya que al ser hombres grandes, les resultan mucho más fácil que a mi.  También creo que en este día estaba un poco susceptible, por lo que me dejé sucumbir al llanto, sin embargo, en determinado momento dejé de llorar y me dije a mi misma "yo puedo hacer esto", y gracias a Dios, lo hice. 

Aunque me costó lágrimas, sudor y sangre, terminé todo.  Y a pesar de que no había ni un solo espacio de mi cuerpo que no doliera, me dí un baño, me tomé un relajante muscular y me acosté.  Me causa satisfacción que todo haya quedado como yo quería, sin embargo, la factura que tendré que pagar por esto será bastante cara; solo espero superarlo pronto.
 
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