martes, 20 de diciembre de 2011

Por qué quejarnos tanto?


Quejarse es expresar quejas por un dolor o desgracia; algunos sinónimos son lamentarse, gemir, sollozar, gimotear, protestar, reclamar, gruñir.  ¿Suena familiar?

Casi todas las personas que conozco, saben que estoy enferma, y cuando me ven siempre me preguntan, de una forma muy sincera y llena de consternación, cómo me encuentro, cómo me he estado sintiendo.  Siempre trato de que mi respuesta sea igual de sincera, como lo fue la pregunta, pero realmente mi respuesta no es siempre igual para todas las personas,  pero siempre termino diciendo con una sonrisa “…pero mi espíritu está lleno de vida y mi cerebro aún funciona”.

La realidad es que aunque a la gente le interese saber genuinamente como te encuentras, realmente no le interesa escuchar los detalles.  Suena crudo, pero es cierto.  Quizás, es por esto que no me gusta estarme quejando... OJO, esto no significa que nunca lo haga, pero creo que hay un lugar y un momento para cada cosa, y no me gusta estarle hablando a la gente con la que socializo a diario, de mis problemas, ya sean personales o de salud.  Siempre he pensado que estas cosas se reservan para un círculo muy específico de personas, como tu familia inmediata y algunos amigos realmente cercanos, o en casos particulares como el nuestro, un grupo de ayuda (ya sea físico o virtual como páginas en internet).

Para quienes sufren de malestar y dolor permanente, existen otras circunstancias que probablemente les hagan buscar consideración o consuelo en otras personas, quejándose constantemente de lo que tienen.  No estoy diciendo que esto sea malo, de hecho cualquier persona cuando se siente mal, necesita sentir que le aman y se preocupan por ella, necesitan que le consientan, y esto es perfectamente normal, y le ocurre a cualquiera hasta con problemas de salud temporales (infecciones, accidentes, etc.).  Pero cuando llevas meses o años con malestar, fatiga y dolor, ya no hay quien nos consienta, aunque sin embargo, seguimos teniendo la misma necesidad emocional de afecto, atención, comprensión y aprobación, porque nos sentimos mal y necesitamos estas cosas para lidiar con nuestro malestar.

Cuando alguien con una condición de dolor crónico, ya sea fibromialgia o cualquier otra, no tiene una sólida estructura social (familia o amigos) que le apoye emocionalmente en el día a día, tienden a quejarse con mucha frecuencia, y lamentablemente, esto ocasiona que las pocas amistades que quedan, se vayan distanciando aún más.  La gente empieza a verla como alguien negativo, que no busca soluciones a su problema, sino que solo sabe quejarse.  ¡¡Y esto es brutalmente cierto!!

Creo que en estos casos, si está a nuestro alcance, podemos ser catalizadores de bondad, ayudando a estas personas a salir de ese ciclo de queja frecuente, simplemente siendo buenos amigos, con nuestra compañía agradable, nuestra conversación positiva, reeducando sus mentes para que puedan ver lo bueno de la vida; ya que nosotros, a pesar de nuestro propio dolor, tenemos el grado de empatía necesario, para ser también sanadores. 

No digo que no necesitemos quejarnos, pero debemos aprender hacerlo con las personas adecuadas, como la familia cercana, el psicólogo, o el grupo de ayuda, ya que definitivamente no es lo mismo quejarse en un grupo de ayuda, en donde todas las otras personas están pasando por lo mismo que tú y entienden perfectamente lo que sientes, empatizan contigo y te brindan su apoyo incondicional; que quejarse con las amistades todo el tiempo.   

El que no está enfermo no puede entender, y sicológicamente todos necesitamos estar rodeados de gente que emane vibraciones positivas. Este derroche de negatividad puede ser la razón por la que muchas veces la gente, de forma egoísta pero hasta cierto punto entendible, hace a un lado a los enfermos que se quejan constantemente.

Sólo como referencia, yo tengo espondilo-artropatía seronegativa indiferenciada (una forma de artritis bastante dolorosa), fibromialgia severa, dos discos herniados en la base de la columna y otros problemas en las cervicales, pero cuando me siento bien (lo que en realidad significa “no tan mal”) estoy bien; y si no me siento bien, ni siquiera estoy.  Es decir, no voy a reunirme con amistades, si me siento mal, para estar quejándome todo el rato de lo mal que me siento.  Para eso me quedo en casa o en cama.  Si voy a socializar, debe ser para compartir un momento agradable para todos, por lo que se que tengo que poner de mi parte y tener el mejor estado de ánimo posible, de lo contrario no valdrá la pena hacer el esfuerzo. 

Ciertamente, cualquier condición de dolor crónico es difícil de soportar constantemente, y no siempre tenemos la suficiente fortaleza para hacerle frente; pero cuando mi dolor no es tan fuerte me pongo a pensar que hay tantas personas enfermas y solas en el mundo, en situaciones tan graves que amenazan sus vidas, o le privan sus sentidos, o los restringe a una cama, sin posibilidad de valerse por si mismos, mientras que yo, aún llena de dolor, puedo reírme al ver una comedia, admirar el paisaje, saborear una maravillosa comida, pasear en bicicleta, caminar con mis perros, puedo bañarme sola, sostener una conversación amena, disfrutar de la música (y a veces, hasta bailar un poco) y hacer muchas otras cosas.
 
Alguien dijo que opinar es fácil, y que nadie puede sentir el dolor ajeno aunque tengamos la misma enfermedad... pero yo creo que opinar es bueno, sobre todo si tienes la experiencia y la intensidad como punto de referencia, porque significa que has podido analizar, así que yo opino que la amargura y la negatividad no aportan nada bueno a mi vida ni a mi condición de salud; que quejarse valdría la pena, solo si me ayudara a conseguir alguna solución a mi problema; de lo contrario, no tiene sentido; que es absurdo estarle diciendo a la gente todo lo que tengo y todo lo que me duele, si eso no me va a producir ningún beneficio, por el contrario, solo consigo intensificar el poder negativo que este malestar ejerce en mi; por lo tanto, por lo menos en mi caso, me resulta mas saludable y positivo, evitar el estarme quejando con todo el mundo.

En esta época tan especial, en la que probablemente nos gustaría haber hecho mas de lo que hicimos para esta celebración, no perdamos de vista que tenemos mucho porqué celebrar y mucho porqué sentirnos agradecidos.

¡Que Dios derrame 
sobre sus vidas y sus hogares,
las mas Grandes Bendiciones!
~ FELIZ NAVIDAD ~

sábado, 10 de diciembre de 2011

Sobre las reuniones con amistades


Anoche salí con algunas amigas que estuvieron conmigo en el colegio (hace casi 30 años).  Nos reunimos en un restaurante por unas tres horas.  Hacía muchos años que no veía algunas de ellas, y la verdad es que fue un rato muy emocionante, nostálgico y divertido.  La pasé super chévere y llegué muy contenta a mi casa (aunque ya venía bastante adolorida).  Pero todo tiene un precio, hasta la diversión y aunque hoy estoy con mucho dolor en todas partes (especialmente hombros, brazos, manos y espalda baja), me siento tan feliz, porque este tipo de experiencias son tan maravillosas para el alma, que no aguanto las ganas de volver a reunirnos. 

Ojalá todos pudiéramos tener estas oportunidades, aunque fuera una vez al mes.  Alimentar el espíritu es tan importante como tomar medicinas, es una forma de terapia llena de amor y positivismo.  Para mi es similar a ir a bailar toda la noche y saber que al día siguiente te va a tocar descansar; solo hay que hacerlo con precaución y estar conscientes que puede haber algunas consecuencias, pero ni modo, nos toca descansar después de disfrutar, como a cualquier otra persona.  

Yo, en lo particular, a parte de planificar la reunión, también planifiqué mi estado de ánimo, y aunque uno no puedo planificar el malestar,  para procurar no tener inconvenientes el día de la reunión, estuve lo mas relajada posible en estos últimos días, traté de evitar cualquier cosa que pudiera desencadenar una crisis, descansé lo mas posible y me ubiqué en un estado mental positivo (buscando formas de salir de mi oscuridad, pensé que esta podría ser una excelente oportunidad para ver la luz.)

Todas mis amigas están conscientes de mis problemas de salud y son muy atentas y cuidadosas conmigo, cuando me preguntan como estoy o como me siento, trato de ser honesta sin ser muy explícita, porque lo importante para mí en ese momento es compartir un tiempo juntas que sea agradable y divertido para todos.  Si me siento muy mal, definitivamente no estaría allí, pero si accedo a participar en este tipo de reuniones es porque mi malestar está en un nivel medio-bajo (quizás entre 4-6 de 10 en mi escala de dolor) y puedo controlarlo, y tengo la determinación de pasar un buen rato, porque no pretendo permitir que la enfermedad me robe buenos momentos como estos que crean maravillosos recuerdos con los que alimentamos nuestras vidas. Aunque a veces pensamos que no podemos, tenemos que divertirnos, no podemos dejar que nuestro espíritu se marchite.

Es cierto, hoy estoy mal, pero como decimos en mi país… ¡sarna con gusto, no pica!  Me tomo un relajante muscular, me quedo en cama tranquila descansando, cojo las cosas con calma, y pienso que mañana o pasado voy a estar mejor; al menos tengo el fin de semana para recuperarme, y luego veremos.

Ustedes que creen, ¿hay que divertirse o hay que divertirse?

viernes, 9 de diciembre de 2011

Estoy 'darks'


Cuando escribí el último artículo, mi estado de ánimo no era el mejor, y lo sentí un poco oscuro, así que le pedí a uno de mis hijos que lo leyera antes de publicarlo, y cuando iba por la mitad, se detuvo y me dijo... “mamá, no se supone que tu blog siempre da ánimo y transmite positividad…?” 

Le dije que terminara de leerlo, y al final me dijo: “está bien, refleja como te sientes, y ni modo, a veces estás ‘darks’”.  Hay un vídeo que está dando vueltas por youtube que se llama 'Soy Darks', es muy cómico y emula lo gótico, así que en mi casa hemos creado un chiste sobre esto y cada vez que me siento un poco decaída, digo que “estoy darks”, y el solo hecho de decirlo, me hace tanta gracia, que me anima.

Es fácil trasmitir imágenes y mensajes positivos a otros y ciertamente, muchos de estos te arrancan una sonrisa y te hacen sentir mejor.  Pero aunque no cuesta nada decir “vive la vida con alegría” y se dice con las mejores intenciones, es muy difícil asimilar este pensamiento cuando se tiene un dolor insoportable, y mas aún llevarlo a la práctica... 

Las personas con fibromialgia no quieren ser negativas, es solo que cuesta trabajo procesar el dolor, sobre todo cuando es muy fuerte y parece que nunca va a terminar.  Es casi como si las baterías del dolor fueran Duracell y las nuestras fueran Eveready... y parece que el dolor puede durar mucho más que nuestra voluntad de hacerle frente.

Muchas cosas te llevan a sentir que estás en ese lugar oscuro del que te parece que nunca vas a salir, pero lo peor es la incomprensión y falta de conocimientos de las personas que nos rodean o con quienes tenemos que tratar a diario.  Por ejemplo, hoy me atendí con un doctor de medicina general que me dijo “yo no creo que exista la fibromialgia, así como tampoco creo en el síndrome de déficit atencional en los niños”.  ¡Qué bárbaro!  ¿Será que este tipo tampoco cree en la evolución o la existencia de los átomos?  Lamentablemente estamos rodeados de profesionales de la medicina que aún tienen estas creencias (sin fundamento ni conocimiento) y las exponen a los cuatro vientos como si fueran dueños de la verdad absoluta.  ¿Cómo es posible que un médico se atreva a decir que no cree en una enfermedad que está aceptada y definida por la Organización Mundial de Salud?  ¿Dónde estudió medicina esta gente?  Para mi es algo atroz, pero no permito que me afecte, prefiero elegir no desgastarme discutiendo con este tipo de personas.

Por lo general, yo soy muy positiva, siempre veo el lado bueno de las cosas, de todo saco una lección y con frecuencia pienso que mañana será mejor; pero últimamente siento que estoy perdiendo la batalla y prefiero no escribir porque creo que todo me sale un poco oscuro (o como dicen mis hijos “estoy darks”) y entonces lo que pasa es que tiendo aislarme. 

Creo que lo importante cuando sentimos que estamos pasando por circunstancias de oscuridad, es rodearse de gente que crea en tu enfermedad, la entienda, te ame y esté dispuesto a compartir contigo tu momento de oscuridad.  Gente que no te critique ni te haga sentir débil o hipocondríaco, sino que demuestre respeto por tu condición y te de ánimos.  Gente que te pueda hacer reír, que te haga sentir normal y que te recuerde que eres un ser humano completo y maravilloso y que tienes mucho que ofrecer a los demás.  Rodearse de gente joven también es una excelente terapia, porque ellos le brindan a tu vida otra perspectiva y convierten cualquier momento en algo divertido con mucha facilidad.

Ya sea un amigo, un grupo de ayuda, gente en la internet o en redes sociales, tu psiquiatra o psicólogo, tu vecino… quien sea, todos tenemos alguien así en nuestras vidas, aunque sea una sola persona, hay que buscar su compañía cuando “estamos darks”, para salir de esa oscuridad y encontrar de nuevo la luz.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Todas esas cosas

Parece que estos últimos meses del año no me han estado tratando muy bien, y quedo  fuera de combate con demasiada frecuencia últimamente.  Si no tengo una cosa, tengo otra, y en definitiva todo me cuesta mucho y a veces prefiero no hacer nada, como decía Jaimito el cartero (del Chavo del Ocho)… “para evitar la fatiga”.

Dolor de cabeza, dolor muscular, dolor generalizado, fatiga, apatía,  falta de fuerza muscular, no poder mover o levantar los brazos, ni caminar o simplemente moverse… todas estas cosas hacen muy difícil la vida de cualquiera, ocasiona sentimientos de ansiedad, angustia y hasta depresión.

Tener un fuerte dolor de cabeza de vez en cuando, quizás tan fuerte como una migraña que te hace vomitar, es terrible, pero eventualmente pasa y uno regresa a la normalidad.  Sin embargo, tener dolor de cabeza todos los días durante 2 o 3 semanas de manera constante, aún cuando no sea muy fuerte todo el tiempo, es igualmente terrible, y además desgastante, sobre todo teniendo en cuenta que  solo tienes dos alternativas: aguantarte el dolor hasta cuando ya no puedas mas o tomar medicamentos para el dolor de cabeza casi a diario y posiblemente provocarte un problema con el hígado.  Este tipo de dolor te puede quitar  las ganas de hacer cualquier cosa, interviene con tu desempeño laboral y hasta te impide conciliar el sueño.

El dolor generalizado usualmente va casado con la fatiga y la apatía, y lo peor es que se hace difícil poder explicar lo que se siente sin sonar como hipocondriaco, lo único que podemos decir es “me siento muy mal”…  Obviamente, esta clase de malestar también interfiere con el desempeño, aunque es muy probable que a pesar de ello, nos desenvolvamos normalmente cumpliendo con las exigencias que cada día nos demanda, aunque en las noches no podamos dormir por sentirnos tan exhaustos.

El dolor muscular se siente como si hubieras ido al gimnasio.  En mi caso, generalmente me duelen los antebrazos y los omoplatos como si hubiera estado levantando pesas, los muslos y las pantorrillas como si hubiese salido a trotar, y la espalda, cadera y abdomen, como si hubiera hecho abdominales.  Si! Se puede vivir con esto, pero resulta, que hasta levantar un plato o un taza, cuesta mucho, y a veces tenemos que usar ambas manos, y lo peor de todo es que muchas veces dejamos caer las cosas, es decir que no tenemos prácticamente nada de fuerza muscular.  Esto nos hace parecer como exagerados a los ojos de los demás, es muy difícil de asimilar para uno mismo, pero mucho mas para el que nos ve pasar por ello, y a quienes muchas veces tenemos que estar pidiendo ayuda para levantar, cargar o mover ciertas cosas.

Cuando los brazos no responden por tanto dolor. Tengo muchos días en los que no puedo casi mover los brazos, esto me impide desde usar el teclado de la computadora, hasta bañarme (si, que pena, pero a veces no me puedo bañar porque no puedo mover los brazos, que horrible!!!).  Últimamente, hasta he pensado en grabar mis post, cuando no puedo escribir, para no permanecer alejada tanto tiempo.

Por último, la crisis máxima: cuando el dolor ataca de forma global, parece que se te han roto todos los huesos del cuerpo, como si te hubieran dado una paliza; cuando esto pasa, prácticamente no puedo caminar, sentarme, pararme, ni siquiera puedo moverme en la cama; me toca dormir como una momia egipcia, lo que solo te hace sentir peor cuando despiertas totalmente entumecida.  Pareciera que siempre llevamos la de perder con este asunto, no? 

Pero bueno, la vida sigue y hay que hacerle frente siempre con una sonrisa en los labios.  La fibromialgia y la artropatía me podrán robar las fuerzas, y algunas veces hasta mi amable disposición, pero nunca podrán robarme mi sonrisa.  Se necesitan muchos menos músculos para sonreír, que para fruncir el ceño, y gracias a Dios, estos músculos no me duelen.
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