viernes, 4 de mayo de 2012

La fibromialgia no es el final de la vida

La fibromialgia no es el final de la vida... solo sería así, si nosotros lo permitimos!!! 
 
Parece que el título de mi blog provoca opiniones encontradas.  Desde las personas que perciben la connotación positiva del mismo, hasta muchas a quienes aparentemente le ofende.  He leído todo tipo de comentarios con respecto al nombre de mi blog, como por ejemplo  que “no será el final, pero la vida así es muy dura”, “quien dijo que no era el final de la vida, si le cambia toda la vida a uno”, “como no va a ser el final de la vida, si perdemos muchas cosas”, “quien dijo que no podemos terminar muriéndonos de esto, si es una enfermedad de sensibilización central”.  En fin, parece que el título puede despertar toda clase de sentimientos.

Siempre leo sobre lo mal que se encuentran los demás, lo mucho que sufren, como ha disminuido su calidad de vida, lo mal que se sienten cuando están teniendo un mal día.  Puedo decir que yo, al igual que el resto de quienes sufren de fibromialgia, también vivo con dolores terribles a diario; a parte del hecho de que tengo otras condiciones como artritis y hernias discales, con frecuencia tengo que caminar con bastón y muchas veces no me puedo parar de la cama y requiero ayuda hasta para ir al baño.  Así que entiendo perfectamente lo que sienten los demás.  Cuando tenemos días de dolor tipo 10, tenemos la tendencia a pensar: “esto no es vida”.  Muchas veces, sobre todo de noche luego de haber tenido un día de bastante actividad, yo lloro a causa del terrible dolor, y tengo que pedirle a alguno de mis hijos que me ponga linimento y me de masajes en algunas áreas del cuerpo.  Por supuesto que esta situación le produce a cualquiera una inminente sensación de impotencia y vulnerabilidad; especialmente, cuando siempre fuimos personas fuertes e independientes.
 
También estoy consciente de que podemos convertirnos en personas insoportables debido al martirio del dolor, porque, en mi caso, yo llegué a tener días en los que no me soportaba ni yo misma, de tanta amargura. Tengo otros problemas de salud que me impiden tomar la mayoría de los medicamentos, por lo que mi estilo de vida es muy similar al de un faquir (rodeada de cuchillos, fuego y camas de clavos).  Pero he buscado alternativas y puedo decir, que aunque mi carácter cambió mucho, los antidepresivos me han ayudado a tener un mejor estado de ánimo, y la meditación me ha brindado la capacidad de tener mayor paciencia y poder modificar mi perspectiva ante las cosas; y ambas alternativas me permiten sobreponerme a este horrible malestar con una mejor actitud mental y poder tener mejores relaciones con quienes me rodean.
 
La vida no es fácil para quienes sufrimos de fibromialgia, pero no tiene porque ser la peor.  No tenemos que renunciar a la dulzura de la buena compañía, ni a la sonrisa nuestra o la ajena, ni a las carcajadas fuertes y profundas, ni al colorido sonido de la música, ni a la belleza del paisaje.  Yo le doy gracias a Dios porque no estoy ciega y puedo ver las maravillas que me rodean, hermosas fotos en internet, los paisajes cuando voy de paseo, los bellos rostros de mis hijos, la ternura de mis perros, poder manejar mi auto yo misma y leer buenos libros; porque no estoy sorda y puedo disfrutar toda clase de música, escuchar chistes, y ver televisión; porque no estoy muda y puedo conversar, reírme a carcajadas, dar consejos a quien me los pida y cantar con todas mis fuerzas (aunque desafine).  Doy gracias, porque aunque me cueste trabajo, aún puedo hacer muchas cosas que me gustan, a pesar de que luego me pasen la factura; pero las hice, las disfruté y ni modo, luego pago el precio.
 
Se que la vida cambia mucho; díganmelo a a mi, que solía andar a toda prisa, y ahora ando como una tortuga.  Muchas cosas cambian, pero si alguien que amamos, nos abandona “debido a la fibromialgia”, quizás no nos amaba tanto como decía en primer lugar, porque nadie se aleja de otro ser humano por causa de una enfermedad.  Y si esto llegara a pasar, dejaría mucho que decir de esa persona, no de mi; es una deficiencia de su carácter, no es culpa de mi condición.  La gente podría alejarse de nosotros, porque dejamos de ser personas agradables… “a causa de nuestro constante malestar”; y, hay que reconocerlo: nadie quiere estar cerca de personas desagradables.   Pero si este no fuera el caso y aún mantenemos un buen carácter, yo lo vería de la siguiente forma: el que no quiera estar cerca de mí, no vale la pena que forme parte de mi vida.  

Siempre he pensado y seguiré pensando, que el manejo adecuado de mi condición, solo depende de mi misma.  Soy yo quien debo buscar respuestas, debo investigar, leer, aprender, y trabajar para mejorar mi mente y mi cuerpo dentro de mis posibilidades.  Pero sobre todo, nunca renunciar a aquello que me hace feliz.  Y aunque en muchos casos, mis días sean una lucha permanente, la clave principal para mantener mi salud mental, es tener la actitud correcta.


Por ©Mylene Wolf Fibromialgico.blogspot.com
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