sábado, 10 de diciembre de 2011

Sobre las reuniones con amistades


Anoche salí con algunas amigas que estuvieron conmigo en el colegio (hace casi 30 años).  Nos reunimos en un restaurante por unas tres horas.  Hacía muchos años que no veía algunas de ellas, y la verdad es que fue un rato muy emocionante, nostálgico y divertido.  La pasé super chévere y llegué muy contenta a mi casa (aunque ya venía bastante adolorida).  Pero todo tiene un precio, hasta la diversión y aunque hoy estoy con mucho dolor en todas partes (especialmente hombros, brazos, manos y espalda baja), me siento tan feliz, porque este tipo de experiencias son tan maravillosas para el alma, que no aguanto las ganas de volver a reunirnos. 

Ojalá todos pudiéramos tener estas oportunidades, aunque fuera una vez al mes.  Alimentar el espíritu es tan importante como tomar medicinas, es una forma de terapia llena de amor y positivismo.  Para mi es similar a ir a bailar toda la noche y saber que al día siguiente te va a tocar descansar; solo hay que hacerlo con precaución y estar conscientes que puede haber algunas consecuencias, pero ni modo, nos toca descansar después de disfrutar, como a cualquier otra persona.  

Yo, en lo particular, a parte de planificar la reunión, también planifiqué mi estado de ánimo, y aunque uno no puedo planificar el malestar,  para procurar no tener inconvenientes el día de la reunión, estuve lo mas relajada posible en estos últimos días, traté de evitar cualquier cosa que pudiera desencadenar una crisis, descansé lo mas posible y me ubiqué en un estado mental positivo (buscando formas de salir de mi oscuridad, pensé que esta podría ser una excelente oportunidad para ver la luz.)

Todas mis amigas están conscientes de mis problemas de salud y son muy atentas y cuidadosas conmigo, cuando me preguntan como estoy o como me siento, trato de ser honesta sin ser muy explícita, porque lo importante para mí en ese momento es compartir un tiempo juntas que sea agradable y divertido para todos.  Si me siento muy mal, definitivamente no estaría allí, pero si accedo a participar en este tipo de reuniones es porque mi malestar está en un nivel medio-bajo (quizás entre 4-6 de 10 en mi escala de dolor) y puedo controlarlo, y tengo la determinación de pasar un buen rato, porque no pretendo permitir que la enfermedad me robe buenos momentos como estos que crean maravillosos recuerdos con los que alimentamos nuestras vidas. Aunque a veces pensamos que no podemos, tenemos que divertirnos, no podemos dejar que nuestro espíritu se marchite.

Es cierto, hoy estoy mal, pero como decimos en mi país… ¡sarna con gusto, no pica!  Me tomo un relajante muscular, me quedo en cama tranquila descansando, cojo las cosas con calma, y pienso que mañana o pasado voy a estar mejor; al menos tengo el fin de semana para recuperarme, y luego veremos.

Ustedes que creen, ¿hay que divertirse o hay que divertirse?
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