lunes, 24 de agosto de 2009

Ay que dolor de espalda!

Aproximadamente dos tercios de la población adulta ha sufrido alguna vez de dolor de espalda, especialmente en la parte baja (lumbo-sacra). Es un dolor que inhabilita y que de hecho se considera la segunda causa de consulta al médico general. En el caso de los pacientes con fibromialgia, el dolor de espalda es parte de los síntomas, y rara vez no se encuentra presente.

A parte de tener la fibromialgia como base del dolor, pueden haber por lo menos unas 50 causas, desde malas posturas, lesiones de los ligamentos o músculos paravertebrales hasta degeneración de las vertebras articulares, herniación, compresión radicular y compresión de los recesos laterales. Es importante diagnosticar correcta y oportunamente la causa, a fin de recurrir a la técnica de rehabilitación adecuada y al medio indicado para aliviar el dolor.

Cuando hablamos de una hernia discal o discos intervertebrales abombados, el médico recomendará medicamentos especiales y un régimen de ejercicio especial, y en algunos casos puede ofrecer la posibilidad de realizar un bloqueo epidural; si el dolor persiste luego de ser tratado por estos medios, se podría llegar a pensar en cirugía.

En muchos casos de fibromialgia, el dolor puede disminuir o desaparecer, luego de una o dos semanas de descanso. Sin embargo, para manejar el dolor de espalda, ya sea pacientes con fibromialgia o no, se puede recurrir a terapias alternativas como, masajes, drenajes linfáticos, acupuntura, y en casos extremos manejo de la columna vertebral por tracción. Pero, realmente no siempre tenemos claro cuál sería el método más conveniente para cada persona, por lo que habría que probar por ensayo y error.

El dolor de espalda puede volverse crónico, y no deberse a radiculopatías (compresión de nervio) o anormalidades anatómicas, pero es importante aclarar las causas, ya que no podemos asumir que es otro síntomas mas del cuadro de fibromialgia, y simplemente hay que vivir con ello.

Definitivamente, la recomendación en cualquier caso es realizar ejercicio de manera constante y tener control y consciencia de nuestra postura. El ejercicio reduce el dolor y mejora el movimiento, pero debe mantenerse la constancia. El ortopeda le puede proporcionar un régimen de ejercicios destinados especialmente a fortalecer los músculos del área lumbo-sacra.

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