jueves, 13 de septiembre de 2012

Cuando el río suena, piedras trae

“Cuando el río suena, piedras trae” es un refrán muy significativo para mi, porque aunque literalmente quiere decir, que si escuchamos rumores sobre algo es muy probable que sea cierto, yo lo aplico a las señales que mi mente y mi cuerpo me envían en relación a la fibromialgia.

Cuando tenemos muchas cosas que hacer, nos esforzamos físicamente para completarlas y muchas veces no escuchamos a nuestro cuerpo.  Pensamos… “un poquito mas”, “ya estoy terminando” o “me falta muy poco” y entonces nos extralimitamos.

Por ejemplo, recientemente estaba lavando la regadera (piso y azulejos de las paredes); en un punto me sentía muy cansada y con mucho dolor, y pensé: “creo que ya debería parar”; pero a continuación pensé: “me falta tan poco para terminar”, así que continué de todas maneras y de repente empecé a sentir unas terribles ganas de vomitar y creí que me iba a desmayar.  Tuve que salir corriendo para sentarme; estaba tan mareada, que dudaba si iba a poder levantarme nuevamente.  

Inmediatamente me percaté de que se trataba de mi cuerpo dándome un jalón de orejas, porque no me detuve cuando estaba consciente que debía haberlo hecho.  Tuve un momento en el que recibí la señal clara de mi cuerpo y mi mente, diciéndome que ya debía detenerme, pero decidí ignorarla y entonces recibí una reprimenda física para obligarme a parar.

Creo que a veces somos tan perfeccionistas que no logramos parar lo que estamos haciendo hasta completarlo y que esté perfecto.   Cuando se tiene fibromialgia, ser perfeccionistas puede llegar a ser un pecado, porque aunque sepamos delegar, muchas veces incluso pensamos que nosotros lo hubiéramos hecho mejor, y en algunas ocasiones (por lo menos pasa en mi caso), repito la tarea que le asigné a otro con la intención de hacerla mejor, o como yo considero que debió quedar perfecta.

Hay tantas señales que recibimos de nuestro cuerpo y cerebro cuando estamos ejecutando alguna tarea que consume mucha energía y esfuerzo, como dolor agudo y localizado, punzadas en la espalda, calambres en las piernas, cansancio extremo, sensación de desvanecimiento, o un simple pensamiento que viene a nuestra mente para hacernos consciente de que nos estamos pasando de nuestros límites.  Como siempre digo, tenemos que aprender a escuchar las señales de nuestro cuerpo; pero mas allá de escucharlas, debemos hacerle caso inmediatamente, porque de lo contrario solo conseguiremos desatar una crisis, que con seguridad nos va a durar mucho mas de los minutos que nos extralimitamos.

En el caso de los fibromiálgicos, el río que suena es el murmullo de nuestro cuerpo y cerebro avisándonos que ya es suficiente, y las piedras que trae, son las reprimendas físicas que recibimos por no escuchar a tiempo y obedecer.  Así que en lo sucesivo, trataré de escuchar el río que suena y detenerme de inmediato, antes de que me lleguen las piedras y me golpeen…
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